Ciclo 2003

de

Música Antigua para Teclado

Buenos Aires - Argentina

 

Jueves 19 de junio 18:00 hs.

Ensamble barroco

Coordinación artística: Gabriel Pérsico

Obras para una, dos, tres, cinco flautas

y clave concertato,

de Karl Friedrich Weidemann (S. XVIII),

Wilhelm Friedemann Bach (1710-1784),

Karl Philipp Emanuel Bach (1714-1788)

y Joseph Bodin de Boismortier (um 1691-1755).

 

Presentación y comentarios a cargo del luthier

Leopoldo Pérez Robledo

 

Amenábar 1767(entre José Hernández y La Pampa)

Belgrano / Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Entrada libre y gratuita

Iglesia Evangélica Luterana Unida

Asociación Cristiana Evangélica Luterana

Congregación LA CRUZ DE CRISTO

Programa

Ira. parte

Joseph Bodin de Boismortier (ca. 1691-1755)

Concierto Op. 15 Nº 1 en sol mayor para cinco flautas traveseras sin bajo

Adagio - Allegro - Allegro

Karl Friedrich Weidemann (?)

Sonata Op. 3 Nº 3 en re mayor para tres flautas traveseras sin bajo

Spiritoso - Allabreve - Affetuoso - Presto

Karl Philipp Emanuel Bach (1714-1788)

Sonata en re mayor, Wotq 83 para flauta travesera y clave obligato

Allegro un poco – Largo - Allegro

 

IIda. Parte

Wilhelm Friedemann Bach (1710-1784)

Sonata I en mi menor para dos flautas traveseras sin bajo

Allegro - Larghetto - Vivace

Karl Philipp Emanuel Bach (1714-1788)

Trio en mi mayor, Wotq 162 para dos flautas travesera y bajo continuo

Allegretto - Adagio di molto - Allegro assai

Joseph Bodin de Boismortier (um 1691-1755)

Concierto Op. 15 Nº 1 en la menor para cinco flautas traveseras sin bajo

Allegro – Largo - Allegro

INTERPRETES:

Flautas traveseras barrocas:

Ana Carolina Pérez Bergliaffa

Cecilia Baró

Gabriela Galván

Raúl Becerra

Gabriel Pérsico

Clave:

María de Lourdes Cútolo

Coordinación artística:

Gabriel Pérsico

 

COMENTARIO DE PROGRAMA:

Leemos que en la Corte de Luis XIV, el Rey Sol, "… jamás se vuelve a encender una vela que haya ardido aunque más no fuera por un minuto." Así también, en la era barroca, no era habitual escuchar en más de una ocasión la misma música. La música era (y es) la más evanescente de las artes. François Couperin lo sabía cuando escribió el prólogo de una de sus últimas obras "… Espero, que mi familia encuentre entre mis partituras algo para recordarme, si los recuerdos sirven de algo después de la vida. Es necesario al menos tener esta idea para intentar merecer una inmortalidad quimérica a la cual casi todos los hombres aspiran…"

En la música, lo más inasible son los sonidos mismos. Podemos visitar el museo del Louvre y ver a músicos y actores representados en "Le théatre italien" de Watteau. Podemos sumergimos en la atmósfera sugestiva de sus medias tintas, y (si nadie nos mira) incluso tocar el lienzo. Pero los sonidos se nos escapan. Nos resulta difícil comprender ésto en tiempos de discos compactos, multimedia y tecnologías avanzadas. Sin embargo, aún hoy, nada es más fascinante que el contacto en vivo entre músico y público, esa magia que se produce cuando un músico "pronunciando" sonidos alcanza la sensibilidad del oyente. Es un momento efímero, pero quizás en ello radica su belleza.

Paradójicamente, para hacer música antigua hay que inventar casi todo de nuevo. El arte de la interpretación que un alumno hereda de su maestro y a su vez infunde en sus discípulos forma una cadena, una tradición viviente. Esta se interrumpió durante aproximadamente dos siglos. Si se quiere vislumbrar el sonido que flotaba entre los músicos de Watteau hay que estudiar tratados, analizar y copiar los instrumentos que los museos atesoran, tratar de imaginar cómo pensaban los compositores, los intérpretes, los constructores y el público de esos tiempos, releer la música bajo otras convenciones. Es así como hacer música antigua hoy día es también hacer música nueva, algo que se ha olvidado y por esa razón sigue sorprendiendo y maravillando.

El sonido de la flauta travesera barroca aflora de nuevo con su envolvente e íntima sensualidad. El sonido de la música que podría haber escuchado Watteau mientras pintaba, o Luís XIV en sus conciertos dominicales se nos hace más cercano. Para un flautista, ejecutar esa música con una flauta de ébano o boj, con afinación más grave, en contacto directo con el aire vibrante a través de la madera y los orificios es una experiencia inolvidable. A los flautistas aquí presentes nos apasiona ese entusiasmo y, siempre que se presenta la oportunidad, nos reunimos aspirando a compartir nuestros evanescentes sonidos con el público.

La búsqueda del sonido perdido nunca concluye… por eso quisiera concluír estas líneas con un inicio; un fragmento del prólogo a sus "Piéces pour la Flûte Traversiére, ¦uvre quatriéme" de Mr. Michel de la Barre, flautista de Luis XIV: "… Me he aplicado para incluir en esta piezas una parte de la belleza y las dificultades de las cuales este instrumento es capaz, de manera de impulsar a aquellos que quisieran ejecutarla a estudiar mucho para poder lograrlo…"

Gabriel Pérsico

 

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GABRIEL PERSICO

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